Estimada comunidad One Health, con las imágenes de la tragedia de Valencia grabadas en mi retina, me pregunto una vez más qué debe suceder para creernos lo que dicen los expertos: la CRISIS climática es una crisis de SALUD. Y digo creernos porque cuando uno se cree una cosa actúa en consecuencia, y eso de momento, y en mi humilde opinión, no parece que esté sucediendo, o no con la ambición necesaria.
No voy a entrar a debatir si la DANA que ha asolado Valencia se debe o no al cambio climático. Eso ya lo debatirán los expertos que son los que tienen los conocimientos necesarios para hacerlo. Pero voy a utilizarla como ejemplo para intentar ilustrar cómo los diferentes desafíos a los que nos enfrentamos confluyen, se retroalimentan, y van desencadenando efectos en cascada que, considerados en conjunto, tienen un impacto en salud sustancialmente mayor al estimado a simple vista. Más allá de la lamentable pérdida de vidas humanas (y de animales), de las personas heridas, y de las personas que han visto interrumpidos los tratamientos médicos que seguían, el trauma por la situación vivida desembocará en algunos casos en problemas de salud mental, pudiendo tener un impacto mayor en niños y adolescentes, agravando uno de los importantes desafíos a los que nos enfrentamos: el incremento de los TRASTORNOS DE SALUD MENTAL en los jóvenes.
Por otro lado, no nos podemos olvidar que las aguas estancadas, barro, cadáveres de animales sin retirar, o interrupción de los servicios de saneamiento, entre otros, proporciona el escenario ideal para la proliferación de vectores y microorganismos que pueden dar lugar a INFECCIONES en las personas (y animales). Esas mismas infecciones en numerosos casos obligarán a la prescripción de antibióticos, enlazando ello con otro de los grandes desafíos: las RESISTENCIAS A LOS ANTIMICROBIANOS.